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Tuesday, 19 June 2012

El viaje de Quirón de Celia Kaminesky


Prólogo


Desde la estrella más brillante de la constelación de Orión, Rigel, Celia Kaminesky despliega una deslumbrante sorpresa a los lectores.
Una conflagración interestelar, la reunión de sabios, dioses y humanos en una audaz revisión de los problemas de Gaia, los cuales afectan a toda la Vía Láctea; viajes a las estrellas; un espectáculo de magia, luz y color. Así es como El viaje de Quirón viene acompañado de aparente digresión. Historia dentro de la historia, juegos de voces que participan del encuentro glorioso.
¿Cómo erradicar el miedo humano? Ésta ha sido una de las interrogantes, quizá una de las más profundas dudas de Kaminesky, nuestra autora, quien efectúa una propuesta inquietante. Mediante los sueños de Clara y las aventuras de Abante, se logran definir los pensamientos de los humanos como humo luminoso. En delicadas aliteraciones, las ensoñaciones de la lejana aldea procuran al lector las maravillas de la imaginación.
Así transcurren los mitos, los dioses y los hombres, con la pluma valerosa de una escritora que nos remonta al panteón griego, a las ciudades de paz y alegría, a la armonía que es la que debe reinar en los hombres.
La dulce amistad entre una niña y un centauro unida a paisajes tranquilos y bellos, pinturas hermosas, flores indescriptibles, juegos de luces y colores que embriagan la atmósfera y seducen al lector, todo se encuentra inmerso en la impredecible y majestuosa Naturaleza descrita por Celia. En este contexto la historia transcurre entre los sueños y la realidad contada, la cual a veces es más onírica que las ficciones.
La audaz nomenclatura empleada por Kaminesky revela sus concienzudas lecturas. Así, ha modificado intencionalmente los nombres de algunas estrellas como por ejemplo Okda, que es poco conocido para referirse a Alpha Piscium, lo cual se agradece a la autora pues en la determinación del nombre al sujeto, el lector acepta un nombre dado de modo sui referencial, ya que el sujeto ha sido designado con el nombre Okda, al referirse a la estrella Alpha Piscium.
Y luego, tras la historia sobreviene la historia dentro de la historia, la cual enlaza a la narradora con la autora. Es decir, nos encontramos frente a la metaliteratura, el estricto análisis de la propia autora ante su obra. Kaminesky simplemente nos deja en una perplejidad avasalladora mediante cuidadas reflexiones sobre el significado del significado; es decir, la novela trae consigo aparejada la inquietante disquisición sobre la significación.
De manera opuesta y complementaria a J. L. Austin, quien nos adoctrinaba sobre cómo hacer cosas con las palabras, Celia Kaminesky nos propone hacer palabras con las cosas.
Las Editoras


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